Miércoles, 15 febrero 2017

La intervención neuropsicológica

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la rehabilitación cognitiva abarca todo proceso encaminado a lograr que las personas con discapacidad estén en condiciones de alcanzar y mantener un estado funcional óptimo desde el punto de vista físico, sensorial, intelectual, psíquico o social.

Aunque ya en el siglo XIX se hablaba de la posibilidad de que una región cerebral acaparase las funciones de otra que había sido dañada, no es hasta la 1ª GM cuando comienzan a aplicarse programas y rehabilitación neuropsicológica para intentar que los soldados pudiesen reinsertarse en el campo laboral. Después en la 2ª GM, el propio Luria fue un poco más allá en la rehabilitación neuropsicológica resaltando la importancia del diseño de programas de intervención. Fue a partir de los años 60 cuando comienzan a crearse unidades especializadas de rehabilitación para tratar los traumatismos o los infartos cerebrales entre otros daños (véase Frank-García, Fernández-Guinea, y Amer-Ferrer, 2007).

Es sabido que cuando el cerebro resulta dañado éste se pone en marcha para autorrepararse. Se crean nuevas conexiones sinápticas asociadas aparentemente con la mejora posterior de la conducta relacionada con el área dañada. Esto resalta la necesidad de terapias farmacológicas y psicológicas que ayuden a esos procesos “naturales“ que pone en marcha el cerebro para compensar los daños y las consecuencias originadas. Los programas de rehabilitación deberían diseñarse para facilitar al máximo este potencial de plasticidad cerebral.

¿Cuáles son los pasos a seguir en toda intervención neuropsicológica? Los enumeramos a continuación:

1. Recogida de información y valoración neuropsicológica. Debemos recabar toda la información disponible sobre la etiología de la lesión, la evolución, los informes de otros profesionales y los resultados de las pruebas aplicadas, así como los tratamientos administrados y los antecedentes personales y familiares. Ello hará posible una primera aproximación a las características de la lesión y posibles hipótesis.

2. Perfil neuropsicológico. La valoración neuropsicológica nos permite conocer qué funciones están afectadas y cuáles no. De esta forma podemos llegar a realizar un diagnóstico y diseñar un plan de tratamiento.

3. Valoración de las demandas del ambiente y contexto. Se trata de conocer en qué entorno se desenvuelve la persona con lesión cerebral, identificando factores o variables que puedan afectar positivamente o negativamente en su recuperación. El conocimiento del entorno permite una mejor planificación de los objetivos específicos de la intervención.

4. Determinación del pronóstico. La mayoría de las veces es muy complicado establecer un pronóstico aunque se puede predecir en cierta medida gracias a los conocimientos que tenemos de las enfermedades y su evolución, además de contar con pruebas o indicadores como la escala de coma de Glasgow, la duración de la amnesia postraumática, la capacidad cognitiva previa a la lesión o la personalidad del paciente.

5. Planificación de los objetivos. Los objetivos y metas de la intervención estarán determinados por las condiciones y necesidades de cada persona afectada. Por supuesto tratarán de restablecer las capacidades cognitivas, motoras o sensoriales afectadas para lograr el mayor grado de independencia y calidad de vida posible.

6. Inicio del programa de rehabilitación. Es importante justo antes de comenzar con la rehabilitación establecer una línea base. Es la única manera de conocer cuál es la evolución del paciente de forma objetiva y precisa.

7. Registro del proceso. En cada sesión debemos anotar toda aquella información que nos pueda ser útil. Desde aspectos relevantes a nivel familiar que puedan influir, cambios en su tratamiento farmacológico (y síntomas asociados), sus estrategias de afrontamiento, su personalidad, lo que le gusta y motiva y lo que no o las limitaciones que va encontrando.

8. Evaluación del programa aplicado. Hace referencia a la necesidad de llevar a cabo las evaluaciones periódicas que se han programado al inicio para valorar si ha habido progreso respecto a la línea base. De esta forma sabremos cuál ha sido el progreso y cuál ha sido el grado de eficacia de las técnicas utilizadas.

9. Modificación y mejora del programa de rehabilitación. Una vez que hemos analizado los progresos llevados a cabo por el paciente y las técnicas y estrategias empleadas, en caso de que sea necesario, se ajustará la intervención reajustando los objetivos y las metas o la metodología para lograr el mayor potencial de mejora posible.

10. Momento final en el que los profesionales del equipo multidisciplinar aúnan impresiones para valorar los progresos del paciente, el potencial de mejora, si deben darle el alta y, en su caso, con qué directrices, o si por el contrario deben remitirlo a otro centro o profesional especializado.

Los estudios de revisión que se han llevado a cabo sobre los resultados de la rehabilitación neuropsicológica  (véase Frank-García, Fernández-Guinea, y Amer-Ferrer, 2007) han puesto en evidencia la eficacia de este tipo de intervenciones, especialmente, aquellas orientadas al entrenamiento en habilidades compensatorias y a la utilización de ayudas externas (como dispositivos móviles).
Frank-García, A., Fernández-Guinea, S., y Amer-Ferrer, G. (2007). Terapia de los trastornos neuropsicológicos: aspectos farmacológicos y no farmacológicos. En C. J. Peña (Ed.), Neurología de la conducta y neuropsicología, (383-397). Buenos Aires: Médica Panamericana.