Martes, 18 abril 2017

II Jornadas Ibéricas de Calidad Asistencial y Seguridad del Paciente

 

El pasado 23 de marzo se celebraron en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid las II Jornadas Ibéricas de Calidad Asistencial y Seguridad del Paciente – Fallos y errores: ¿debemos abrir la tinaja de Pandora?, que contaron con el aval científico de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene; la Sociedad Española de Calidad Asistencial; la Sociedad Madrileña de Medicina Preventiva y la Asociación Española de Gestión de Riesgos Sanitarios y Seguridad del Paciente. El encuentro, coorganizado por el Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública de dicho hospital, la Escola Nacional de Saúde Pública de la Universidade Nova de Lisboa y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) concitó gran interés, con más de 350 personas inscritas, y además pudo seguirse en directo por internet. Las jornadas estuvieron dirigidas a profesionales sanitarios de Atención Primaria y hospitales, profesionales de las Unidades de Calidad y Gestión de Riesgos, y profesionales interesados en la seguridad del paciente y la calidad asistencial.

Tras la mesa inaugural, la mañana científica se distribuyó en tres conferencias, dos mesas redondas (Bioética y Seguridad del Paciente; Investigación y Docencia en Seguridad del Paciente) y un original taller: La habitación de los 7 fallos. Se recoge aquí lo más destacado de cada bloque.

El acto fue inaugurado por la Gerente Asistencial de Atención Hospitalaria de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, María Luz de los Mártires, que destacó la importancia que la Consejería de Sanidad de Madrid da siempre a la seguridad del paciente y animó a todos los profesionales asistentes a participar en los debates de la jornada. A continuación, el director Gerente del Hospital Universitario Ramón y Cajal, Juan José Equiza Escudero, resaltó que la seguridad del paciente es el corazón de la Calidad Asistencial: “estamos tratando una cuestión de máximo interés para los profesionales en primer lugar, para los gestores en segundo término y siempre para los pacientes“, afirmó. La mesa inaugural se completó con el Director Médico del Hospital Universitario Ramón y Cajal, Agustín Utrilla López, el director de la Escola Nacional de Saúde Pública de la Universidade Nova de Lisboa, Paulo Sousa y el jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del hospital anfitrión, Jesús Aranaz, coordinador de las jornadas y director del Máster Universitario en Gestión de la Seguridad Clínica del Paciente y Calidad de la Atención Sanitaria de UNIR, quien definió qué es la práctica segura y justificó así la necesidad y pertinencia de las jornadas: “la práctica clínica segura busca los siguientes objetivos: identificar los procedimientos diagnósticos y terapéuticos más seguros y eficaces para reducir la probabilidad de error, velar por su correcta indicación, realizarlos sin fallos y, en caso de haberlos, aumentar la probabilidad de detectarlos cuando suceden y mitigar sus consecuencias”. Este importante mensaje se repitió varias veces a lo largo de la mañana.

La primera conferencia, titulada La Seguridad del Paciente: logros de una década, corrió a cargo de Paulo Sousa. El experto recordó la importancia de colocar la seguridad del paciente como una preocupación fundamental de los sistemas de salud, pues “la causa del error suele estar en los sistemas, no en los profesionales; se trata de un problema generalizado y afecta en menor o mayor grado a todos los países,” subrayó. En Estados Unidos, los errores en salud son la tercera causa de muerte, “pero los estudios apenas muestran la punta del iceberg,” aseguró. Para afrontar el problema, Sousa recomendó “aprender de otras organizaciones complejas (aeronáutica, nuclear…), utilización de herramientas específicas (Lean, Six Sigma…), diseño de sistemas y protocolos clínicos pensando en la seguridad del paciente, cultura de la seguridad centrada en el paciente y utilización de la medicina basada en pruebas, así como formación inicial (durante la carrera) y luego continua de los profesionales de la salud. También destacó la importancia de la implicación de responsables políticos, gestores, profesionales, pacientes, familias y la cooperación internacional, como quedó demostrado en estas jornadas. Finalmente, resaltó una serie de amenazas emergentes relacionadas con la existencia de casos clínicos más complejos por aumento de la edad y la morbilidad de los pacientes, las limitaciones financieras y el aumento de ciertos problemas en seguridad del paciente, como la resistencia a antibióticos.

La primera mesa redonda, de título Bioética y Seguridad del Paciente, estuvo moderada por Jesús Aranaz. Las ponencias de esta mesa corrieron a cargo de Ismaele Fusco, José Joaquín Mira y Juan Francisco Herrero.

Ismaele Fusco (Centro Gestione Rischio Clinico, Regione Toscana) revisó el alcance y las complejidades del problema, los puntos clave donde se producen más fallos, las bases de la gestión del riesgo clínico (identificación, evaluación, anticipación, dimensión, análisis, control) y la necesidad de una cultura de la seguridad del paciente debidamente estructurada en el sistema y con roles muy bien definidos. Insistió también en la importancia de manejar buenos indicadores, como los eventos centinela y los “never event”, eventos centinelas muy graves que indican un error sistémico y reflejan que el sistema no es seguro. El experto remarcó la importancia del binomio ergonomía y factores humanos como centro del proceso, que se alimenta de competencias multidisciplinares provenientes de la psicología, leyes, sociología, epidemiología, ciencias de la comunicación e incluso diseño industrial. Finalmente, expuso resultados de las políticas de seguridad en su ámbito con, por ejemplo, reducción del 40% de los errores de transcripción de tratamientos y el 60% de caídas.

José Joaquín Mira (Universidad Miguel Hernández) afrontó una ponencia clave: La comunicación con el paciente tras un evento adverso. “Los pacientes quieren y necesitan información sobre el incidente. También necesitan una disculpa y conocer qué medidas se van a tomar para evitar que el error se repita en el futuro. Sin embargo, disculparse y cómo hacerlo es delicado, pues lleva implícita una carga de culpabilidad”, aseguró el experto. Destacó también que se informa poco (por temor a consecuencias legales, pérdida de prestigio, otros motivos), de manera parcial y que apenas un 20% de los profesionales tienen formación sobre información y comunicación de malas noticias. En un estudio con más de 1.000 casos, el 86% aceptó las explicaciones, dato que refleja la importancia de contar con protocolos de información al paciente, todavía poco implantados. Se recomendó recoger siempre en la historia clínica qué se ha informado (acontecimiento adverso), a quién (paciente, familia, tutor legal) y cómo se ha hecho.

Juan Francisco Herrero (Director Médico del Hospital Universitario de Elda, Alicante) cerró la mesa con la ponencia El doloroso aprendizaje, profundizando en un desafortunado caso que tuvo la oportunidad de gestionar. Se hizo un análisis causa raíz, se identificaron todos los puntos posibles del sistema que pudieron contribuir al error y se diseñó un listado de soluciones y un plan de acción para evitar casos parecidos en el futuro. Así, se detectaron factores contribuyentes relacionados con: situación clínica, vía de administración de fármacos infrecuente en el ámbito asistencial y formación del personal al respecto, falta de validación electrónica y comprobación de nombres (fármacos y paciente), entre otros. Tras el acontecimiento, se puso en marcha un plan de acción con medidas inmediatas relacionadas con información, comunicación, atención a los afectados y una profunda revisión de los protocolos de actuación. En cada paso se determinó su causa raíz, posibles soluciones, tiempo de implantación, responsables concretos y adecuados indicadores de evaluación.

La segunda conferencia, Rol y responsabilidad del directivo en la Seguridad del Paciente, corrió a cargo de Alberto Pardo (Subdirección General de Calidad, Consejería de Sanidad, Comunidad de Madrid). El ponente desarrolló ocho aspectos que consideró clave: dar importancia a los conceptos, utilizar el papel del directivo y el líder, manejar elementos clave (evidencia, actitudes y coordinación), desarrollar capacidades específicas (comunicación y planificación), conocer las posibles barreras y superarlas, tener claro cuál es la situación y las posibles acciones, desarrollar una estructura enfocada a la seguridad del paciente a todos los niveles (cultura de la seguridad; responsabilidades y liderazgo institucional, de directivos y de profesionales) y ser consciente del tiempo que cada acción necesita. A su juicio, “el directivo tiene una percepción de la seguridad del paciente demasiado amable y piensa que las cosas están mejor de lo que están en realidad”. “Se trata de una barrera importante que debe ser salvada”, reconoció el experto. Insistió en la importancia de la cultura de la seguridad y en la necesidad de contar con las herramientas y la formación adecuadas. En este sentido, abogó por la formación específica del directivo en seguridad del paciente, “pues el directivo debe dar ejemplo”.

La segunda mesa, titulada Investigación y Docencia en Seguridad del Paciente, estuvo moderada por Julián Vitaller (Salud Pública, Universidad Miguel Hernández). Comenzó con el vídeo Un día complicado en el hospital (la seguridad del paciente quirúrgico), que mostró una simulación de atención sanitaria a un paciente quirúrgico de la habitación al quirófano, con numerosos errores de seguridad que Jesús Aranaz procedió a identificar y comentar. Las ponencias de esta mesa corrieron a cargo de Miguel Castelo Branco, Manuel Sánchez Carrión y Marta Bernardino, expertos en educación y simulación médica, y Paulo André Fernandes, experto en prevención, control de infecciones y resistencia a antibióticos.

La ponencia de Miguel Castelo Branco (Universidade da Beira Interior, Centro Hospitalar da Cova da Beira) versó sobre la importancia de la simulación médica como instrumento de formación en las facultades. Castelo explicó que la simulación se sitúa en el nivel 3 de la pirámide de Miller (mostrar cómo se hace algo), “de modo que los estudiantes pueden demostrar lo que luego van a aplicar en la vida real”. “Adquirir competencias necesita tiempo y un entrenamiento que se puede realizar mediante simulación antes de enfrentarse a los pacientes reales”, comentó. “Mediante la simulación entrenamos individuos, pero también equipos; la simulación se puede aplicar en todos los niveles de la formación del personal sanitario y sus equipos para evitar errores y acontecimientos adversos”, remarcó. Castelo recordó algunas de las modalidades de simulación aplicada a la formación sanitaria, como simulación parcial o total, simulación basada en realidad virtual, simulación con pacientes virtuales o simulación in situ. Finalmente, en relación con los resultados de la simulación médica, “hay experiencias que demuestran su utilidad”, sentenció.

También sobre simulación, en este caso aplicada a la capacitación de los profesionales en seguridad del paciente, habló Manuel Sánchez Carrión, coordinador del Área Quirúrgica de IAVANTE. El ponente centró su intervención en la vía aérea y su manejo. Explicó la necesidad de fomentar la divulgación y la capacitación “para disminuir el bloqueo que se produce en muchos casos en el profesional sanitario”, y la importancia de impulsar “programas específicos para el manejo correcto de la vía aérea”. Relacionó dichas situaciones de bloqueo con factores humanos como el estrés situacional, de modo que “a mayor estrés, mayor probabilidad de fallar”, proponiendo como solución un mayor entrenamiento. “Debemos desarrollar algoritmos de toma de decisiones basados en pruebas e implementar programas específicos de formación, tanto de conocimientos como de habilidades”, subrayó. Finalmente, “la formación es parte de la solución y se debe integrar en cualquier programa de actuación del paciente”, insistió Sánchez Carrión.

Marta Bernardino, directora del Centro de Simulación IDEhA (Hospital Fundación Alcorcón) abrió su intervención con datos del informe To err is human. En hospitales norteamericanos, un 2,9-3,7% de las hospitalizaciones tendrían acontecimientos adversos, con resultado de muerte en un 6,6-13,7% de los casos. Los datos pertenecen a dos estudios realizados en diferentes áreas hospitalarias en 1997 y en ambos casos se determinó que la mitad de los acontecimientos adversos se debieron a errores humanos que pudieron evitarse. La extrapolación de estos datos a todos los ingresos hospitalarios en Estados Unidos reveló que en el año del estudio habría habido entre 44.000 y 98.000 fallecimientos como resultado de errores médicos. Y ya en nuestro ámbito, “se ha calculado que, en España, los fallecimientos atribuidos a acontecimientos adversos cuadriplican los debidos a accidentes de tráfico”, declaró la ponente. A continuación expuso un vídeo con una simulación de situación crítica de quirófano donde quedaron de manifiesto tres cosas: la falta de comunicación entre el personal sanitario, la falta de liderazgo y, en consecuencia, la falta de coordinación. Según la Joint Commission, “tras un error médico se esconden problemas de liderazgo, comunicación y otros factores humanos”, aseguró la experta. En comparación con las habilidades técnicas, “las habilidades no técnicas son muy difíciles de entrenar”, continuó. Ante una situación de crisis, “hay que solicitar ayuda, definir un líder y usar todos los recursos al alcance para resolverla”, prosiguió. Bernardino abogó por el aprendizaje basado en experiencias simuladas: “la simulación se basa en el aprendizaje experiencial; la simulación hace vivir una experiencia al equipo que luego se analiza en una sesión de debriefing”, declaró. Finalmente, expuso varias modalidades de simulación médica y reconoció que “la simulación es útil, pero es difícil demostrarlo”.

Paulo André Fernandes (Coordenador del Programa de Prevenção e Controle de Infeção e Resistência aos Antimicrobianos, Portugal; Coordinador UCI Centro Hospitalar Barreiro Montijo), cerró la mesa con la ponencia titulada Retos en las infecciones asociadas a cuidados de salud. “Hablar de infecciones y de resistencias a antibióticos es hablar de calidad asistencial y seguridad del paciente”, declaró de entrada. Fernandes distribuyó su exposición en ocho ambiciosos retos. “El primer reto es prevenir todas las infecciones asociadas a cuidados de salud. La proporción de infecciones prevenibles se piensa que aumenta año a año, pudiendo llegar al 100% en algunos casos, como en las vías centrales”, aseguró. El segundo reto es controlar el aumento de las resistencias a antibióticos, “una prioridad de salud pública”, aseveró; y puso el ejemplo del aumento de Klebsiella pneumoniae resistente a carbapenemes. El tercer reto es “garantizar que los antibióticos se usan adecuadamente, solo cuando son necesarios y a la dosis correcta”, continuó. “Es necesario formar, formar y formar a los profesionales, crear procesos dedicados, como programas de apoyo a la prescripción de antibióticos; en Portugal se dispone de un programa al respecto”, manifestó Fernandes. Garantizar recursos humanos suficientes para permitir buenas prácticas y garantizar el costo-efectividad en la prevención y el control de las infecciones asociadas a los cuidados de la salud fueron los retos cuarto y quinto. El sexto reto que se comentó fue garantizar legalmente el cumplimiento de un mínimo de requisitos, mientras que el séptimo se propone incrementar la conciencia sobre prevención y control de las infecciones y resistencias a los antimicrobianos. “En este sentido, y esto es muy importante, las Naciones Unidas ya han tomado cartas, celebrándose en 2016 un High-Level Meeting on Antimicrobial Resistance. Este tipo de reuniones se convocan con motivo de grandes problemas de salud, como las epidemias de VIH/SIDA, el virus del Ébola y amenazas similares”, declaró. Finalmente, el ponente expuso un último reto: “garantizar el futuro de la humanidad es prevenir las infecciones y las resistencias a los antibióticos. Cada 3 segundos muere una persona en el mundo por infecciones resistentes a los antibióticos y hay que actuar”, sentenció Fernandes.

Tras esta segunda mesa, José Valencia (Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario Ramón y Cajal) presentó los resultados del taller La habitación de los 7 fallos. Al comienzo de la reunión se entregó a los asistentes una hoja con un pequeño caso clínico y durante la mañana se les invitó a que explorasen una habitación con un escenario clínico simulado. El objetivo fue detectar esos fallos (por ejemplo, un sondaje urinario inadecuado, una medicación mal prescrita, o cuestiones relacionadas con el aislamiento y el uso de mascarillas, entre otras) y describir los potenciales efectos de dichos fallos en la seguridad del paciente. “Todos los fallos son plausibles, identificables y sobre todo evitables”, sentenció Valencia.

La conferencia de clausura, titulada ¿Cómo hacer bien lo que sabemos que hay que hacer?, correspondió a Carlos Aibar (Jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza). En primer lugar, el experto manifestó que “no podemos esperar que las conductas cambien por sí solas, hay que hacer algo”. Aibar utilizó un símil médico: “la seguridad del paciente requiere cuidados como cualquier patología crónica, cuidados del paciente, de los profesionales y del sistema; también requiere tratamiento médico y quirúrgico, como hacer exéresis de cualquier procedimiento que no haya probado su valor ni su inocuidad”, argumentó. “Hay que gestionar las resistencias al cambio, una tarea difícil; hay que introducir una cultura de gobernanza, persuadir, influir, convencer, abogar, involucrar y empoderar para lograr cambios; hay que perseverar, mantenerse, identificar y romper barreras; hay que compartir conocimiento e ignorancia, combinando evidencias, vivencias, e-vivencias (compartir en la red) y huir del adanismo, pues casi nadie es el primero en algo; se necesita creatividad, innovación y controlar la fascinación por la tecnología y lo nuevo”, recomendó Aibar. Y, finalmente, apostilló: “debemos pasar de los juegos florales a la práctica.”

 

David Ezpeleta
Facultad de Ciencias de la Salud, UNIR