Martes, 14 marzo 2017

Día internacional de la mujer: de la celebración a los hechos

El 8 de marzo es una fecha marcada en el calendario, que tiene su origen en un momento histórico en la reivindicación de los derechos de la mujer, cuando un 8 de marzo de 1908 cuando 130 mujeres murieron quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en NY durante una huelga polémica por sus condiciones laborales (pedían la reducción de su jornada laboral a 10 horas y tiempo para la lactancia). Tras este fatídico acontecimiento, en 1910 en Dinamarca más de un centenar de mujeres deciden que sea éste el día de la mujer trabajadora, que actualmente es Día Internacional de la mujer, siendo en 1977 cuando Naciones Unidas lo declara Día Internacional de la Mujer y la Paz internacional, llamado a día de hoy “Día Internacional de la Mujer”

Y si bien es cierto que es un día de celebración, porque han sido muchos los avances llevados a cabo sobre los derechos de la mujer, como el derecho al voto (punto de inflexión hacia la mejora en los derechos de la mujer), el acceso de la mujer al mundo laboral, la educación, la cultura, e incluso a la política, también es una jornada de reflexión, pues las condiciones en las que se ha hecho esta incorporación no ha sido de forma igualitaria sino discriminatoria desde la perspectiva de género. Además, aún son muchas las situaciones en las que la mujer, por el hecho de serlo, sufre una discriminación directa o violencia sobre su persona: violencia de género, violaciones, mutilación de niñas, el infanticidio, los matrimonios forzados en menores, o el uso de la mujer como objeto en medios de comunicación y la publicidad, hace que sea esta un fecha en la que pararse a reflexionar sobre qué se ha hecho y en qué se ha avanzado y plantear cómo seguir trabajando y mejorando la situación de la mujer

Lo que se busca con el 8 de marzo, por tanto, es reivindicar la IGUALDAD ENTRE MUJERES Y HOMBRES. Pero ¿qué es la igualdad?, ¿realmente somos iguales, realmente estamos en condiciones de igualdad?. Estas preguntas son complejas de responder si nos basamos en una igualdad teórica, sobre ideales teóricos de mujeres y de hombres.

Es verdad que se busca la igualdad, que se crean los escenarios para que se de la igualdad, mediante leyes, acuerdos, etc… pero no hemos conseguido llegar a ella aún.

La igualdad formal, en cuanto a igualdad entre mujeres y hombres en derechos y oportunidades, es a lo que se tiende y para lo que se han creado leyes, marcos teóricos, reales decretos… Pero para conseguir ésta igualdad fundamentalmente son dos los pilares sobre los que hay que basarse: el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, según el cual “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”, y la actual Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (la conocida como Ley de Igualdad)

La incorporación de la mujer al mundo laboral realmente ha generado muchos cambios en la sociedad, ya que ha pasado a formar parte de lo que se conoce como “espacio público”, teniendo esto consecuencias en el “espacio privado”.

Es decir, la mujer, al incorporarse al mundo laboral, ha generado unos cambios, porque ni estaba ni se le esperaba, creándose escenarios en los cuales la mujer ha tenido que luchar por unos derechos. De hecho, las reivindicaciones que han generado el 8 de marzo, han tenido su origen aquí.

Es necesario hacer un ejercicio de autoconciencia y analizar por qué no somos iguales en lo laboral… y quizá sea porque no somos iguales en lo personal.

Hay que empezar a trabajar la igualdad desde la conciliación de lo personal y profesional. A día de hoy, por ejemplo, se está debatiendo sobre la racionalización de los horarios (salir a las 6 de la tarde), que es algo necesario, pero hay que hacerlo bien, en conciencia: hay que cambiar la forma de trabajar (el calentar silla, hay que cambiar el concepto de que la conciliación solo es cosa de mujeres, y hay que romper el llamado “techo de cristal” por el que las mujeres no van a poder ascender por la “carga” que llevan con ellas; mejorar en cuanto a la “brecha salarial” y replantear la llamada Dole Jornada laboral que debe afrontar la mujer cuando además de llevar a cabo una jornada laboral, debe realizar las tareas del hogar).

La conciliación es cosa de mujeres, pero también de hombres. Mientras ésta perspectiva no cambie, no vamos a avanzar.

Actualmente, ante esto y basándose en las recomendaciones institucionales sobre la búsqueda de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, las empresas de más de 250 trabajadores están obligadas a tener Planes de Igualdad, y las de menos 250 se les insta a que lo hagan como “buenas prácticas”… pero cuando se hace el primer paso de ese Plan de Igualdad, que es el diagnóstico, para ver dónde se flojea y por tanto dónde hay que mejorar, todas dicen que ellas son buenas empresas y respetan la igualdad, fomentan la conciliación… pero cuando haces preguntas concretas, sale a la luz acciones de discriminación y donde realmente no se lleva a cabo esa conciliación.

Por tanto, hay que dejar de hablar de conciliación y empezar a hablar de CORRESPONSABILIDAD: la conciliación de mujeres y de hombres, en el trabajo, pero también en las casas. Y hay que implicar en ésta corresponsabilidad a todos los miembros de la familia: madre, padre, e hijos, porque al final la familia también es nuestra empresa (personal).

ENTONCES ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA MEJORAR ESTA SITUACIÓN?. Qué podemos y qué DEBEMOS hacer para mejorar esta situación.

Son muchas las cosas que están a nuestro alcance y que podemos hacer:

–Sensibilizar: con acciones como la Openclass con motivo del 8 de marzo, en la que se trabaje el tema, se analice, se discuta sobre él, se intercambien opiniones…

Tratarlo ya es avanzar.

–Educar: Educar informal y formalmente:

En la educación informal, en lo privado, en casa, a los hijos e hijas, a los que tenemos alrededor, mediante el ejemplo (tratando a todos por igual: hombres, mujeres, mayores, niños, personas con discapacidad…). El ejemplo, es la mejor forma de educar, y de transmitir los valores de la igualdad, la conciliación, y la igualdad de oportunidades cuando se acceda al mundo laboral. NO discriminando ni tratando a nadie como inferior.

En lo formal, el mejor ejemplo es esta universidad: qué mejor forma de conciliar que asistir a clase desde casa, adaptando horarios a las propias necesidades de cada alumno y de cada profesor. Hoy en día además hay muchas mujeres y hombres que buscan reciclarse o mejorar su formación sin desatender sus ocupaciones profesionales ni personales, y el modelo educativo de esta universidad les permite, les da la facilidad de conciliar y a la vez seguir formándose.

En los colegios, institutos y universidades hay que educar en esta materia, porque un buen profesional debe tener buenos valores sobre los que afianzar los conocimientos.

–Actuar:

Es lo fundamental: hay que conciliar, hay que llevar a cabo la corresponsabilidad, hay que formar en igualdad, hay que denunciar las situaciones de discriminación y sensibilizar en esta materia.

Estamos formando a los profesionales del mañana, e incluso a quien ya es profesional… son los que van a regular las leyes en igualdad, los que van a juzgar a quienes no las cumplan y los que van a educar en los colegios a nuestros hijos…

Tenemos un deber como universidad y por tanto reflexionar sobre el 8 de marzo es uno de los pasos que estamos dando para poder aportar nuestro granito de arena a la sociedad, para que algún día el 8 de marzo deje de ser una fecha de reflexión y pase a ser una fecha real de celebración.